lunes 04 de julio de 2022 - Edición Nº5378

Opinión | 18 feb 2022

POR NANCY ACOSTA Noriega

Cuando el puñal te perdona la vida, ¿Cómo se sigue?

Cuando el miedo a la muerte te quita el sueño, cuando el horror vuelve al cerrar los ojos, cuando no se siente la presencia de la justicia, cuando los abrazos no son suficientes, cuando el cuerpo duele donde el puñal dejó su marca, ¿cómo se sigue? #queremosjusticia #condena #andreanavarro #vivasysinmiedonosqueremos


Arrebatado el sueño por un ataque que le cambió la vida, arrebatada la vida como era porque la quisieron matar, arrebatada la sensación de estar segura en casa, arrebatados los sueños, las ganas, las formas antiguas de vivir, sentir, crear, pensar. Arrebatado el aliento porque parece que el oxígeno no fuera suficiente para sostener la vida. Puesta a prueba la fe de cuando se siente aterido el cuerpo y la proximidad de la muerte. Amortiguada la fuerza que se debilitó con cada puñalada y aun así resistir. Pero, ¿cuánto se puede resistir?, ¿cuándo termina de clavarse el puñal?, ¿cuándo deja de doler?
Andrea se fue a dormir y se despertó en medio de un infierno que podría haberle costado la vida, 43 puñaladas impactaron contra su humanidad, 43 puñaladas que se harán eco en su memoria por largo tiempo, 43 puñaladas que marcarán su vida hasta que ya no sea, 43 puñaladas que se volvieron fantasmas al acecho y la llenan de miedos. Y ¿a quién no? Acaso el resto ¿podríamos pensar que de ahí se sale ilesa?
¿Y la mano que empuñó el puñal?, ¿y el deseo explícito de matar?, ¿y la ira descargada en la daga?, ¿y el ensañamiento de regresar para rematar?, ¿y la apatía sobre lo hecho para luego simplemente acostarse a dormir?, ¿y la construcción de la complicidad de las hermanas menores para ocultar lo hecho? No es eso acaso ¿tan perturbador como todo lo demás?
Podríamos preguntarnos sin tener respuestas desde cuando ese chico de 17 años es capaz de semejante atrocidad, desde cuando se es capaz de matar, como se siente en la piel del asesino porque en su registro profundo él se mató y la mató…Por algo sintió que lo tenía permitido; así funciona, se trata de superioridad, se trata de habilitar en el otro la idea de que simplemente puede hacerlo y sembrarle alrededor sensación de impunidad.
Ambos, víctima y victimario transitan ahora un camino parecido, el de un Estado que abandona, una sociedad que abandona, una justicia que no alcanza y es corrupta, una vida violentada, una sensación que ahoga, un miedo profundo, una virtud agobiada, un recuerdo doloroso, un presente convulsionado. Pero no nos gana la pena, no nos gana la inflexión, y aquí estaremos todas, por la Andrea que hoy está, pero podría no estar; porque nos siguen matando, porque seguimos siendo el blanco, porque sigue corriéndose la discusión de su centro que es opresor. Aquí estaremos todes, pidiendo justicia, gritando por los silencios de miles que callan, de miles que no reciben justicia, de miles que quedan en el camino, de miles a quienes les cambió la vida un día, una noche, en medio de un horror. Por todes, estamos, estaremos, y vamos a pedir justicia, justicia de verdad, justicia sin morigeraciones y sin licencias implícitas para matar.
– Veo su rostro todo el tiempo –, dice Andrea; y yo le creo. Siempre les creo.

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