lunes 04 de julio de 2022 - Edición Nº5378

Opinión | 8 mar 2022

Por Nancy Acosta Noriega

8M2022: Somos una y somos todas

Soy Claudia, soy Esther y soy Teresa, son Ingrid, soy Fabiola y soy Valeria, soy la niña que subiste por la fuerza, soy la madre que ahora llora por sus muertas…Y soy ésta que te hará pagar las cuentas. (De “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana). #8M #DíaInternacionaldelaMujer #LibreVivasySinMiedoNosQueremos #LaLuchaEsHoy


Las relaciones de poder que rodean a las mujeres y diversidades son siempre desde la violencia, violencia que está en todos lados. Las mujeres quedamos por ende expuestas a la violencia, ya sea en la vía pública, en el transporte, en nuestros trabajos, en nuestras casas; la violencia nos acecha 24 horas al día, porque así funcionan las sociedades patriarcales, donde la cultura del abuso es permanente y no existen consecuencias que impacten sobre esas prácticas, ni justicia que intervenga para frenarlas, porque la justicia no se ocupa de nimiedades. Pero eso sí, lo que abundan, son cómplices.
Hablar de violencias no significa referirnos solamente a los más de 55 femicidios que llevamos en el 2022, ni a la última violación en grupo que se llevó el corolario al mostrar de primera mano  todos los actos aberrantes que promueve y ampara el patriarcado, sugeridos si se quiere desde la más absoluta sensación de impunidad, no; hablar de violencias es ir más profundo, es ir sobre todo aquello que nos veja, que nos mella a las mujeres y diversidades desde lo emocional, lo moral, lo social, que destruye conceptos, que desfigura la figura y la autoestima, que se come la inocencia de las infancias, que arremete contra los cuerpos que ve como objetos, que anula, que viola y que mata de todas las posibles formas. Hablar de violencias es pretender ir a la raíz, claro, para cortarla. Y no vamos a darnos por vencidas, ya lo dijimos y lo seguiremos diciendo cada vez con más fuerza, aunque tengan que amurallar ciudades enteras, pero el patriarcado se va a caer, o lo vamos a voltear. Y fin del comunicado.
Hablando de amurallar ciudades, que extraño se ve que las fuerzas machistas operen para cuidar paredes, pero sean insensibles ante los femicidios, y los horrores que desatan, porque a diario nos siguen matando. De repente asustan más unas palabrotas pintadas que los gritos ahogados de las que agonizan, que los llantos de niñes abusades, que los gritos a los cuatro vientos de les indignades por los hechos de violencia de género que por miles se cuentan. Que extraño se ve que las fuerzas machistas no sientan vergüenza de su accionar provocador y violento, como si no se pintara igual un montón de vallas de madera o metal que las paredes de un templo; si de todos modos el escupitajo lo van a recibir igual, no hace falta pasar por ridícules. ¡¡¡Entiendan!!!
Qué raro es pensar que haya personas que no puedan escapar al miedo a ver unas tetas al aire en medio de una revuelta, les come la cabeza el morbo por lo que sea que puedan ver en medio de las marchas y las protestas, porque seguro en el #8M salen a la luz tremendas guerreras. Y ahí están, desde su zanjita cerebral, disparando dardos irrisorios para tratar de atajar los zurdazos que les van a dar. ¿O es que en la nebulosa poderosa que sostiene el patriarcado alimentando a su rebaño es tanto el miedo a la desnudez de sus actos? ¿Cuáles son las líneas que han cruzado que ahora se mueren de miedo los muchachos?
Para nosotras es diferentes, sufrimos la violencia a diario, y llevamos tanto tiempo así que ya nos hartamos; no la ignoramos, al contrario, la iluminamos, la ponemos en evidencia, la lloramos de a muchas, porque juntas somos más fuertes, porque juntas somos poder y voz.
Que tiemble el Mundo si tiene que temblar, porque las mujeres no vamos a parar. Somos Una y Somos Todas. Somos grito, fuego y carne viva, pero vivas y sin miedo.

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