miércoles 14 de abril de 2021 - Edición Nº4932

Opinión | 1 mar 2021

columna

Un año sin Brenda

Otro marzo, otro año, otro primero de mes, pero hoy con el recuerdo del horror que vivió Brenda, una Brenda que es parte de la historia de todas, una Brenda que falta, que ya no puede gritar ni por auxilio ni por justicia.


Una Brenda que duele desde lo que representa, lo más oscuro de la violencia machista, esa que no tiene límites, esa que juega entre sombras y hechos que asombran  y que parecen liviandades justificadas con un “me asusté y no supe qué hacer” como si esconder un homicidio fuera algo menor, de travesura de niño; o peor aún la travesura de un monstruo, de esos que abundan, de esos que nos son conocidos y queridos, de esos que crecen como flores en primavera en sociedades patriarcales que aún no han desterrado para siempre el ahogo de la violencia machista, esa que quema, esa que descuartiza, esa que lastima, esa que mata.
Otro marzo, otro año, otro primero de mes, sin una Brenda que pudiera ser cualquiera de las que hoy estamos, de las que todavía tenemos voz, de las que tenemos la responsabilidad moral, social y humana de ponerle sonido al grito mudo de las que ya no están. Las muertes nos pesan, la violencia de género nos pesa porque nos siguen matando cada 20 hs. cuando matan a una más, y a otra, y otra y otra más; mientras los Naim se reproducen y caminan las calles, creando relaciones afectivas enfermas al abrigo de familias que perciben como “normales” a estos hijos sanos del patriarcado.
Brenda al igual que todas las Brendas, no se merecía ese final, hoy debería estar entre nosotros como todas las demás, pero es la víctima de un femicidio que desnuda otras verdades al amparo de los encubrimientos judiciales, nos muestra una justicia injusta, lenta, tendenciosa a beneficiar a quién debiera condenar sin suavizar nada; nos muestra una justicia irresoluta de cosas que a ésta altura de los acontecimientos ya debieran ser claras, transparentes y estar encaminadas para dar respuestas a una familia que ha perdido a manos de un femicida una hija, y para una familia que ha perdido a manos de la violencia machista a un hijo. Porque el machismo mata, aunque los ilustrados quieran confundirnos, aunque quieran dar cuenta de que en nuestros reclamos por justicia exageramos; todos sabemos que el machismo mata y que mata todos los días.
Brenda al igual que todas las Brendas se nos quedan a vivir en la memoria, nos enluta, nos debilita, nos hostiga, nos arrincona, porque la paz se hace difícil, porque muchas no nos imaginamos lo que se siente que te maten a una hija, a una hermana, a una amiga, a una mujer querida. Y desde ese fuego que nos quema vamos a seguir peleando por transformar la sociedad, por cambiar las formas de opresión que nos acompañan desde siempre haciéndonos objetos de pertenencia de machos violentos. Vamos a seguir gritando mientras nos sigan matando, vamos a seguir floreciendo en el dolor de las que partieron para hacer de nuestros hijos humanos distintos, conscientes, sanos y respetuosos, porque sólo así transformaremos el horror que lamentamos con cada femicidio. No queremos más Naim Vera entre nosotras, no queremos más Naim Vera justificándose por lo que hicieron, no queremos más Naim Vera protegidos por la justicia, no queremos más Naim Vera ocultando homicidios como si nada, porque Brenda no era una pierna o una cabeza, era una mujer, y una mujer viva; que un femicida ajustició.
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