lunes 20 de septiembre de 2021 - Edición Nº5091

Opinión | 28 ago 2021

POR NANCY ACOSTA

Inocentes fueron a parar a la Villa(del)Lobo(s), médico abusador

Jugaban a ir al médico tranquilas, hasta que surgió “EL LOBO ESTÁ”, y todo detrás de eso cambió, se derrumbó y una vez más quien nos tiene que cuidar, cruza la línea y se transforma en un monstruo. #médicosabusadores #condenafirme #médicovillalobos #portodaslasvíctimas #sevaacaer


No sé si 14 años de condena y una inhabilitación perpetua para el ejercicio de la profesión en cuestión, son suficientes para blanquear el daño cometido, pero nos alivia saber que para las víctimas que se conocieron en el sentimiento de consuelo, es importante y estimo que para las que no se conocieron, también lo es; porque no somos tan inocentes de creer que sólo fueron cuatro, sabemos en lo profundo de nuestro sentir que las víctimas son muchas más, de variadas edades, pero todas con grandes nudos en la garganta. Sabemos que es así, como sabemos que la justicia no se esmera en rastrearlas tampoco, como sabemos que a veces lavan todo lo que pueden y no nos extraña después de conocer que el Villalobos viene de ser “educado” en valores por un ex – judicial. Sí, sí, como puede ser el hijo de cualquier vecino, porque hay algo que excede a las profesiones y es el patriarcado que, en su figura machista de poder, se hace presente a lo largo y a lo ancho del tejido social.
 
Abusadores con guardapolvo blanco que gozan de reconocimiento social, los que vienen de familias de bien, los que revisten autoridad, los que promueven ser un ser que no son, pero se constituyen en difíciles de voltear. No importa esa última parte, porque no les tenemos miedo, porque trabajamos en fortalecernos, porque cuando decimos que el patriarcado se va a caer o lo vamos a voltear, son ambas cosas coexistiendo para hacer de este mundo, un mundo mejor, y lo vamos a lograr a fuerza de luces y voces que encuentran donde ser escuchadas y respetadas.
Defensores que utilizan todos los recursos posibles para que hagamos de cuenta que el daño no fue tal, que los modos de juzgar son errados, que lo importante del proceso, es el proceso en sí mismo, dejando en las sombras la gravedad del hecho, el ejercicio de la consciencia y la vergüenza, porque hay actos, que por sobre lo ejecutable y las difusas líneas de la ética que pudiésemos discutir, dan vergüenza, al menos vergüenza ajena.
Víctimas teniendo que enfrentarse a quién, en su momento de vulnerabilidad, encontró la brecha para cometer sus abusos, y también teniendo que enfrentar la espera de años para ser escuchadas porque no ocurrió en primera instancia, porque tuvo que haber más víctimas para que la rueda de abusos terminara; periodo en que todes fuimos potenciales víctimas del “ejercicio profesional” de un médico abusador, que realizaba prácticas en el servicio público provincial, avalado por todo lo que ello implica.
Un culpable, auto – declarado inocente de culpa y cargo, vistiéndose de “buen hombre”, bien criado, defensor de las dos vidas y los buenos valores; como si todo ello fuera a garantizar que no existan LOBOS disfrazados de CORDEROS; tipos oscuros, abusadores, hijos sanos del patriarcado que van por la vida haciendo daño y creyéndose impunes, confiados de que los silencios los van a seguir acunando, lavando sus culpas con la facilidad de sólo negarlas. Tipos para los que cada vez hay menos lugar, menos silencios, menos tolerancia, menos encubrimiento, menos posibilidades de refugiarse en los miedos de sus víctimas; porque justamente son esos miedos los que estamos abrazando, los que estamos poniendo en valor y les estamos haciendo saber que hay formas de sacarlos a la luz, que no son caminos fáciles, pero
son caminos que cierran heridas. Heridas que van a estar alumbradas por condenas para con quienes las provocaron, que no es poca cosa.
Para esos, los violentos, los abusadores, los Villalobos, los culpables que aún están en las sombras, tenemos un único mensaje; no es la justicia, es la palabra quién abrirá las puertas de camino a la verdadera condena. Traguen saliva, porque los calderos están hirviendo y en el caldo se cocinan los miedos y los silencios, y en el fuego maduran hasta abrirse los gritos retenidos de las víctimas; gritos que Uds., culpables, provocaron.

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