He leído las declaraciones del concejal y, sinceramente, su planteo «no supera el test de instrucción cívica de la secundaria».
Celebro, de todos modos, que el debate empiece a darse «en términos jurídicos y no en base a etiquetas».
Sin embargo, afirmar que una iniciativa legislativa es inconstitucional, por su posición ideológica requiere algo más que un «slogan», requiere «fundamentarlo jurídicamente» y el ámbito, espero sea el recinto.
Es dable marcar con claridad el objeto del proyecto, el cual regula, entre otras, una situación puntual y concreta: «la actividad comercial informal dentro de comercios habilitados, desarrollada por terceros ajenos al mismo».
Esto involucra cuestiones que forman parte del «poder de policía municipal», tales como la regulación y habilitación municipal de la actividad comercial, la protección del consumidor (art. 43 de la Constitución Nacional y Ley 24.240, entre otras normas), el derecho de propiedad, el ejercicio del comercio lícito y la libertad económica consagrados también en nuestra Constitución, amen del pago de tasas, servicios, sueldos, campañas publicitarias para atraer clientes y la decisión de estos de acudir a un comercio a consumir lo que este ofrece, etc.
El proyecto «no prohíbe la venta ambulante en la vía pública», no criminaliza la pobreza, ni pretende ocultarla.
Lo que busca es reconocer una situación y evitar que «dentro de locales comerciales habilitados» se desarrollen actividades comerciales informales o se normalicen situaciones tan graves como «la utilización de menores en la venta ambulante».
Las normas son siempre perfectibles y estoy abierto a discutirlas y mejorarlas.
Rechazarlas sin debate, es más un «síntoma de intolerancia» que un ejercicio democrático.
Por eso invito al concejal y al resto del cuerpo a que llevemos este jueves el tratamiento al recinto y podamos tener «un debate público, técnico y serio sobre el contenido del proyecto», donde analicemos sus aspectos constitucionales, sus fundamentos jurídicos y sus eventuales mejoras.
La sociedad merece que discutamos «ideas y soluciones», no que nos quedemos únicamente en consignas o descalificaciones.
Porque en democracia los proyectos se fortalecen cuando se debaten con argumentos.



