La comunidad educativa y cultural de Catamarca atraviesa horas de profundo pesar tras conocerse el fallecimiento de la profesora Ana María Alessandro, reconocida por su extensa trayectoria en la docencia y su activa participación en instituciones sociales y culturales de la provincia.
Alessandro fue socia fundadora del Rotary Club Catamarca Catedral y colaboradora permanente del Centro de Estudios Genealógicos, entidades desde las cuales destacaron su compromiso sostenido, su vocación de servicio y su calidad humana. Su figura estuvo ligada durante décadas a espacios de formación y promoción cultural, donde dejó una impronta marcada por la responsabilidad y la entrega silenciosa.
Ana María también sostuvo una participación activa y constante dentro de la colectividad italiana de la provincia, integrando durante décadas la Sociedad Italiana de Catamarca, donde aportó su compromiso cultural, su vocación organizativa y su permanente defensa de las tradiciones y el legado de los inmigrantes que forjaron parte de la identidad local.










El referente cultural Eduardo “Negro” Aroca la recordó en redes sociales como “una de las docentes más íntegras, apasionadas y responsables”, subrayando su búsqueda constante de una educación de excelencia. Remarcó además su rol como primera directora de la Escuela Nacional de Comercio Nº 2 del barrio Libertador II —institución que hoy funciona como Colegio Polimodal “Juan Chelemín”— y su tarea como difusora de las actividades culturales de la provincia.
Por su parte, el Dr. Jorge F. Chayep evocó una amistad que se remontaba a fines de la década de 1950, cuando ambos coincidieron en la cátedra de violín del Conservatorio Mario Zambonini. En un extenso mensaje, destacó su pertenencia a una familia de inmigrantes italianos y su dedicación tanto a la enseñanza como al cuidado de su madre durante años. También puso en valor su gestión como rectora de la Escuela Fray Mamerto Esquiú y su desempeño dirigencial en la Sociedad Italiana de Catamarca.
Quienes compartieron aulas y proyectos con ella coinciden en señalar que su pasión por la historia y el arte trascendía el plano académico: buscaba despertar en sus estudiantes pensamiento crítico, sensibilidad y curiosidad intelectual. Su estilo pedagógico, sereno y reflexivo, dejó huella en generaciones de alumnos y colegas.
La partida de Ana María Alessandro enluta a la educación catamarqueña, pero también invita a repasar una vida dedicada a enseñar, promover la cultura y sostener vínculos construidos desde el afecto y la convicción de que la educación es una herramienta transformadora. Su legado permanecerá en la memoria institucional y en quienes encontraron en ella una guía y un ejemplo.



