Luego de la grave amenaza de muerte recibida por el director de San Fernando Digital, Pablo García, distintos sectores de la sociedad, colegas y medios de comunicación de Catamarca expresaron su respaldo y solidaridad frente a un hecho que encendió las alarmas sobre el ejercicio del periodismo en la provincia.
Desde que se conoció públicamente la intimidación —a través de un video difundido por el propio medio— se multiplicaron los mensajes de apoyo, llamados telefónicos y publicaciones en redes sociales repudiando lo ocurrido. Periodistas, comunicadores, referentes sociales y la sociedad en general coincidieron en señalar la gravedad institucional del hecho, entendiendo que no se trata de un episodio aislado, sino de un ataque directo a la libertad de expresión.
El acompañamiento no solo se manifestó en el plano personal hacia García, sino también en la defensa colectiva de la labor periodística, en un contexto donde informar sobre temas sensibles parece implicar riesgos cada vez más evidentes. “No es solo contra un trabajador de prensa, es contra el derecho de todos a estar informados”, es la postura de nuestro director ante esta situacion que hoy vive el periodismo de Catamarca.
Desde San Fernando Digital se agradece profundamente los mensajes recibidos, destacando el compromiso y la empatía de quienes se solidarizaron en un momento de extrema preocupación. En ese sentido, remarcaron que el acompañamiento social y profesional resulta fundamental frente a situaciones que buscan amedrentar y condicionar el trabajo de la prensa.
Sin embargo, en medio de este amplio respaldo, también surgió un aspecto llamativo: el silencio de algunos de los denominados “grandes” medios de la provincia. La ausencia de posicionamientos, cobertura o pronunciamientos públicos generó interrogantes en el ámbito periodístico, donde se esperaba una reacción acorde a la gravedad del hecho.
Para muchos, esta falta de empatía y de compromiso profesional no solo debilita la respuesta colectiva ante ataques de este tipo, sino que también expone una preocupante selectividad a la hora de defender principios básicos del periodismo.
El episodio deja al descubierto un escenario delicado, donde el ejercicio de la comunicación enfrenta tensiones crecientes. En este contexto, la solidaridad expresada por amplios sectores contrasta con silencios que, lejos de ser neutros, terminan adquiriendo un fuerte significado.
Mientras la investigación judicial avanza y se aguardan definiciones, el mensaje que prevalece entre quienes se pronunciaron es claro: frente a las amenazas, el periodismo no debe retroceder.



