“Gracias, Madre, por ser refugio seguro en las horas de angustia”, dijo el Obispo en su homilía.
Con memoria agradecida, durante la mañana de este lunes 7 de septiembre, los catamarqueños vivieron jubilosos el cierre de la Fiesta de la Protección de Nuestra Madre del Valle a 22 años del sismo, enmarcada en el Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú.
Los actos litúrgicos centrales de este día marcaron el cierre del triduo animado por el lema «Lirio de los Valles, cuida a tus hijos», que este año tuvo la particularidad de la histórica visita de la Imagen cuatro veces centenaria a sus hijos del sur capitalino, llegando hasta Valle Chico, en una emotiva y fervorosa manifestación de fe mariana.
A las 8.53, hora en que se produjo el movimiento telúrico, el sonido de las campanas se asoció a la acción de gracias de todo el pueblo creyente de Catamarca, que saludó a la Madre Morena junto al Obispo diocesano y los sacerdotes, quienes se ubicaron formando un abanico ante la prodigiosa Imagen de la Madre de Jesús en su advocación del Valle.
Inmediatamente, se celebró la Santa Misa presidida por el obispo diocesano Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el vicario general, Pbro. Julio Murúa; el rector del Santuario Catedral, Pbro. Juan Ramón Cabrera; el rector del Santuario de la Gruta, Pbro. Santiago Granillo; el vicario de Educación, Pbro. Lucas Segura; los capellanes del Santuario Catedral, Pbros. Luis Páez y Leandro Roldán; los párrocos de Santa Rosa de Lima (Capital), Pbro. Julio Quiroga del Pino; San Nicolás de Bari, Pbro. Daniel Pavón; Espíritu Santo, Pbro. Víctor Vizcarra; Santa Cruz, Pbro. Guillermo Chanquía; San José Obrero, Pbro. Julio Ávalos; San Jorge, Pbro. Héctor Moreno; Sagrado Corazón de Jesús, Pbro. Armengol Acevedo; San Pío X, Pbro. Héctor Salas; San José de Piedra Blanca, Pbro. Marcelo Amaya; Nuestra Señora de Luján (Chumbicha), Pbro. Domingo Chaves; Nuestra Señora del Rosario (Ambato), Pbro. Rogelio Suárez; Nuestra Señora del Rosario (Paclín), Pbro. Martín Brizuela; el vicario parroquial de Nuestra Señora de Belén, Pbro. Roberto Ochoa; el padre Ángel Nieva, y el sacerdote franciscano Fray Marcos Porta, quienes llegaron a honrar a la Madre Morena.
Participaron autoridades civiles, entre ellas el senador por Capital, Dr. Ramón Figueroa Castellanos; la diputada provincial Verónica Mercado Verónica Vallejos; y de las fuerzas de seguridad, Inspector General de Policía, Crio. Gral. Sebastián Eduardo Carrizo; Jefe de la Delegación Provincial Catamarca del Ejército Argentino, Coronel de Arsenales Alberto Gabarrón; Jefe Departamento Investigaciones Judiciales, Crio. My. Lic. José Julio Acevedo; Jefa Departamento Logística, Crio. My. Silvia González; Jefe Departamento Operaciones Policiales, Crio. My. Lic. Diego Ance; oficiales superiores, jefes, subalternos, suboficiales y agentes de distintas dependencias policiales; miembros de instituciones, movimientos, pastorales, grupos eclesiales, peregrinos de parroquias y fieles en general, quienes desbordaron el Santuario ocupando el Paseo de la Fe.
“Su intercesión transformó la tragedia en un símbolo de fe y cohesión comunitaria”
“Nos hemos congregado en torno a la Sagrada Imagen de Nuestra Señora del Valle -comenzó diciendo en su homilía Mons. Urbanč- para agradecer su ininterrumpida protección sobre nuestra Provincia. Hace unos minutos atrás recordábamos el terrible instante en que comenzó a temblar la tierra aquel inolvidable 7 de septiembre de 2004. A pesar del pánico generalizado y del colapso parcial de algunos edificios históricos, el evento derivó en una profunda manifestación de devoción espiritual y de gratitud porque no tuvimos que lamentar ninguna muerte directa como consecuencia de derrumbes. La atribución de este hecho a la intercesión de la Virgen del Valle transformó la tragedia en un símbolo de fe y cohesión comunitaria”.
Entonces, consideró que la fiesta anual de la Protección “preserva la memoria colectiva del impacto sísmico y refuerza la identidad religiosa de los catamarqueños”.
Más adelante reflexionó sobre el Evangelio proclamado de la Boda de Caná, señalando que fue el primero de los signos que Jesús hizo y “nos abre la puerta a la vida pública de Jesús a través de un gesto de profunda cotidianidad, como es participar en una fiesta de casamiento. En este escenario de alegría, donde el vino comienza a faltar, emerge con fuerza serena la figura de la Santísima Virgen María. Ella no es una mera espectadora en el banquete; es la mirada atenta que percibe la necesidad antes de que se transforme en vergüenza para los esposos”, dijo el Obispo y agregó: “La Virgen María nos enseña el valor de la observación compasiva. Mientras los invitados disfrutan, ella advierte el apuro de la familia. Su intercesión no nace del compromiso, sino del amor atento que cuida los detalles más sencillos de la vida humana. Así obró durante el angustioso sismo del 2004. Nadie le pidió que nos cuidara, sencillamente lo hizo”.
Luego, interpretó: “Al decir a su Hijo «No tienen vino», María no impone una solución ni exige un milagro; presenta la necesidad con total confianza en la bondad de Dios. Nos enseña a poner ante el Señor las carencias del corazón sin pretender dictarle los tiempos ni los modos. La última palabra que los Evangelios registran de María es el testamento espiritual más profundo para todo discípulo: «Hagan lo que Él les diga». Ella no busca el protagonismo; señala de manera constante a Jesús como la fuente de la salvación y la transformación. También a nosotros y a los que vendrán, la Madre Celestial, nos recuerda que hagamos siempre lo que Jesús nos enseña para que nunca nos falte la protección y bendición divina a nuestros hogares y trabajos”.
Hacia el final, Mons. Urbanč imploró: “Virgen del Valle, Madre querida y Protectora de nuestro pueblo, hoy acudimos a Ti con el corazón lleno de gratitud y devoción. Recordamos con fe el día en que tu mano invisible nos amparó, cuando la tierra tembló y tu manto materno nos preservó de todo peligro. Gracias, Madre, por ser refugio seguro en las horas de angustia, por velar por nuestras familias y sostener la esperanza de nuestras comunidades. Tú, que escuchas el clamor de tus hijos en la prueba, sigue siendo la muralla firme que nos libra de las tempestades del alma y del cuerpo. Te pedimos que bendigas nuestros hogares, que guíes a quienes sufren y fortalezcas nuestra fe en los días inciertos. Enséñanos a acudir a tu Hijo Jesús con la misma confianza con la que en Caná le dijiste: «No tienen vino». Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desatiendas nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos siempre de todo mal y mantennos unidos en el amor y la verdad”.
Luego de la Comunión, toda la asamblea alabó a la Madre Santísima del Valle con el canto y rezó la oración de consagración.
Seguidamente, la Sagrada Imagen salió al atrio en la urna celeste portada por miembros de Infantería de la Policía de la Provincia, dando inicio a la Solemne Procesión alrededor de la plaza 25 de Mayo.
A su regreso al templo catedralicio, el Obispo impartió la bendición final, y entre cantos, vivas y aplausos, la Madre Morena volvió al Camarín donde recibe diariamente el amor de sus hijos, que hoy la aclaman como Protectora, al igual que lo hicieron a lo largo de las generaciones.



