Entre los pabellones de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho hay un espacio donde cada objeto tiene una historia para contar. En el renovado Espacio de Manualidades, decenas de emprendedores de Catamarca y de distintos puntos del país comparten con el público el fruto de su creatividad, el trabajo artesanal y las horas dedicadas a transformar materiales simples en piezas únicas.
Este año, el sector luce más amplio y cómodo, permitiendo recorrer los stands con tranquilidad, conversar con los expositores y descubrir el proceso que hay detrás de cada creación. Allí conviven propuestas tradicionales e innovadoras, desde trabajos en madera, cuero y cerámica hasta instrumentos musicales, juegos didácticos, textiles, bijouterie y objetos decorativos.
Uno de los stands que despierta mayor curiosidad es Néktar Bambú, del bonaerense Matías Lence, quien fabrica instrumentos musicales alternativos con bambú y acero. Didgeridoos, tambores oceánicos y ovni drums invitan a grandes y chicos a experimentar con sonidos poco habituales. «La mayoría de nuestros instrumentos pueden ser tocados por cualquier persona, sin necesidad de conocimientos musicales», explica. Muchos de ellos, además, son utilizados en espectáculos, sesiones de meditación y terapias de sonido.
Muy cerca, Maderarte exhibe relojes, cuadros y figuras caladas elaboradas íntegramente en madera. Diego, su creador, trabaja con distintas especies para aprovechar el color natural de cada una y prescindir de pinturas. «La veta y el tono propios de la madera son parte del diseño», comenta mientras muestra algunas de las piezas más elegidas por los visitantes.
Desde Jujuy llegó Mariela Mamonín con una propuesta de cerámica utilitaria que combina funcionalidad y diseño. Mates, cuencos, tazas y vajilla para el hogar son elaborados con terminaciones naturales que resaltan la belleza del material. Muchos visitantes se acercan buscando objetos para el uso cotidiano, aunque terminan llevándose piezas que también funcionan como elementos decorativos.
Una historia que llama especialmente la atención es la de Artesanía Aconcagua, emprendimiento nacido de la unión entre una psicóloga y un carpintero. Juntos desarrollaron una línea de juegos didácticos de madera pensados para estimular el aprendizaje y la motricidad infantil. Pintados con productos al agua y materiales seguros para los más pequeños, hoy son elegidos no solo por las familias, sino también por docentes y profesionales que trabajan con niños.
Las ideas más simples también encuentran su lugar en el Poncho. Es el caso de Dulce Morenita Catamarca, donde un práctico almohadón matero se convirtió en el producto estrella. Diseñado para sostener los elementos del mate con mayor comodidad mientras se descansa en un sillón, en la cama o durante un viaje, el accesorio despertó el interés de numerosos visitantes por su utilidad y originalidad.
La personalización es el sello de Cris Martillo, emprendimiento que interviene mates, pavas, vasos y termos de aluminio cincelado. Nombres, paisajes, escudos o diseños elegidos por cada cliente convierten cada pieza en un regalo único, elaborado completamente a mano.
La música también tiene su espacio. En Instrumentos Changó, el público puede conocer cajas copleras, cajas vidaleras y otros instrumentos de percusión tradicionales del norte argentino, elaborados artesanalmente para preservar sonidos que forman parte de la identidad cultural de la región.
Las piedras naturales son protagonistas en el stand de Delfina Creaciones, donde la bijouterie artesanal se combina con el significado que muchas personas atribuyen a minerales como la amatista, el cuarzo rosa o la obsidiana. Más allá de su belleza, numerosos visitantes buscan piezas asociadas a la protección, el equilibrio o la armonía personal.
Cada stand del Espacio de Manualidades ofrece mucho más que un producto. Detrás de cada creación hay horas de trabajo, aprendizaje y dedicación, pero también historias de vida, emprendimientos familiares y proyectos que encuentran en la Fiesta del Poncho una oportunidad para mostrar su talento y compartirlo con miles de visitantes que, año tras año, eligen llevarse un recuerdo hecho a mano.



