La escena fue tan clara como incómoda: trabajadores y trabajadoras autoconvocados de la salud denunciando, en el hall del Hospital San Juan Bautista, un recorte salarial encubierto a través del pago incompleto de las horas de guardia correspondientes a diciembre de 2025. Una medida adoptada de manera unilateral, sin diálogo, sin explicaciones y sin el más mínimo respeto por derechos laborales básicos. Sin embargo, lo verdaderamente alarmante no fue solo el ajuste, sino el silencio.
Porque cuando la salud pública está en crisis, cuando quienes sostienen el principal hospital de la provincia advierten que el sistema se resquebraja, los medios hegemónicos miran para otro lado. O peor aún: miran, registran… y luego borran.
La asamblea tuvo escasa cobertura periodística. Un dato que, en sí mismo, ya resulta elocuente. Pero el hecho más llamativo fue el accionar del diario El…, que transmitió la asamblea en vivo para luego bajar el video de sus redes sociales, como si el reclamo jamás hubiese existido. ¿Un error técnico? ¿Una casualidad? Difícil de creer. La transmisión quedó registrada únicamente gracias a la cobertura independiente del vecino Sebastián Maldonado, de Vecinos Unidos Catamarca. Periodismo ciudadano haciendo lo que el periodismo profesional decidió no hacer.

Maldonado, además, entrevistó al doctor Zuliani, quien expuso sin rodeos las múltiples falencias del sistema de salud pública y el rol que juegan —o dejan de jugar— los grandes medios de comunicación. Sus palabras fueron tan graves como reveladoras: hay amenazas, aprietes y condicionamientos. No solo hacia los trabajadores, sino también hacia los medios. “Me llamaron de algunos medios pidiéndome disculpas, porque habían amenazado a los directores”, afirmó Zuliani. Otros directamente optaron por omitir la información. Algunos, según reconoció, habrían recibido pauta.
Aquí el conflicto deja de ser solo sanitario y pasa a ser institucional y democrático. Cuando los medios hegemónicos callan, no lo hacen por casualidad: callan porque dependen, porque negocian, porque obedecen. La pauta oficial se convierte así en un eficaz mecanismo de censura indirecta. No hace falta prohibir: alcanza con condicionar. No hace falta reprimir: alcanza con silenciar.
Mientras tanto, el discurso oficial insiste en el “fortalecimiento de la salud pública”. Pero en la práctica se recortan salarios, se vulneran derechos y se empuja al límite a médicos, enfermeros y personal no médico que ya trabajan en condiciones críticas. Y cuando estos reclamos emergen, los grandes medios —los que se llenan la boca hablando de pluralidad y libertad de expresión— eligen no incomodar al poder.
La pregunta es inevitable: ¿qué función cumplen entonces los medios hegemónicos? ¿Informar a la sociedad o proteger intereses? ¿Dar voz a los trabajadores o blindar a la gestión de turno? El caso del Hospital San Juan Bautista expone, una vez más, que para ciertos medios la salud pública no es noticia, salvo que encaje en el relato oficial o resulte rentable.
La advertencia está hecha. Los trabajadores hablaron. Las pruebas existen. El silencio también. Y frente a ese silencio, queda claro que hoy la verdadera grieta no es política, sino ética: entre quienes denuncian con riesgo y quienes callan por conveniencia. El desenlace dependerá de la voluntad política, sí, pero también de la capacidad de la sociedad de no aceptar que le apaguen la voz cuando más necesita escucharla.



