Un lector de SAN FERNANDO DIGITAL utilizó nuestra línea de WhatsApp de Reporte de Lectores (383 490 0688) para contarnos lo que sucede en la provincia.
Mirando la foto que ilustra las notas sobre el «Estilo Soria» y sus célebres circulares, una entiende de entrada el criterio de gestión: esa misma indecisión entre sostener los rulos o clavarse un flequillo lacio que intente ocultar los dos dedos de frente y la ausencia total de creatividad. Es la imagen perfecta de una conducción que ensaya una mirada de arriba abajo, pretendiendo una arrogancia que contrasta con la falta de altura técnica y la vaciedad de ideas para la realidad cotidiana de la provincia.
Pusieron a una CPN a conducir las carteras de Educación y Trabajo —secundada en las áreas operativas como la Secretaría de Gestión Educativa y la Secretaría de Formación para el Trabajo por funcionarias de perfil netamente legalista—, y el resultado es el que se sufre en el barro: una ausencia total de empatía con la crianza real. Se nota a la legua que no saben lo que es tomarse un colectivo a las seis de la mañana para llegar a tiempo, ni lo que implica la logística diaria de un hogar en la ruralidad.
Su brillante solución ante la crisis fue mandar a cerrar las escuelas bajo llave. En una provincia con actividad sísmica constante, pretenden mantener a nuestras criaturas encerradas y exigir autorizaciones burocráticas centralizadas mediante circulares para cualquier movimiento, ignorando la demografía y los tiempos de traslado en Catamarca. Dice el refrán que «el que no confía, no es de confiar»; el hermetismo resulta ser la única herramienta de quien desconoce el territorio por completo.
Sería muy saludable que pongan a disposición de toda la comunidad educativa esas circulares para que las leamos abiertamente. Porque en los hechos, mientras pretenden imponer rigor desde el escritorio:
- El absurdo de los proveedores: No hay proveedores directos ingresando a las escuelas porque todo el presupuesto del programa PIO exige la conformación de comisiones donde son las propias directoras —como no reciben el dinero directamente—las que terminan poniendo el cuerpo, gestionando autorizaciones y encabezando las compras por cuenta propia para conseguir la mercadería berreta e insuficiente que les dan en la jornada extendida.
- La ruralidad se les ríe en la cara: Exigen protocolos de aislamiento y cerraduras en escuelas que ni siquiera tienen tapia, medianera o cerco perimetral.
- El control es una parodia: Mientras se ponen estrictas con los padres que llevamos una vianda para el recreo (a falta de cantinas saludables), en el patio un profesor de educación física filma la clase a nuestras criaturas alegando que es «un recurso para corregir ejercicios». ¿Quién fiscaliza eso? ¿La «súper ministra» desde su despacho o las secretarias provinciales asignadas para rellenar la burocracia del CAPE?
Gobernar la educación no es poner candados en las puertas ni redactar minutas para acallar el malestar. Es conocer el territorio, respetar la comensalidad en el hogar y garantizar condiciones dignas. Cuando la gestión es pura fachada y control policíaco, el territorio se encarga de demostrar que la autoridad no se impone con candados ni con mirar de arriba a nadie.
Los reportes son mensajes enviados libremente por nuestros lectores, y sus conceptos no son necesariamente compartidos por el diario San Fernando Digital.



