En medio de un clima de creciente fragmentación interna y con las elecciones provinciales y nacionales a la vuelta de la esquina, la Mesa Ejecutiva del Comité Provincia de la Unión Cívica Radical (UCR) de Catamarca difundió un comunicado que, lejos de disipar las tensiones, parece encender aún más la interna radical.
El texto, dirigido a “la militancia y los afiliados”, advierte que aquellos miembros del partido que participen como candidatos o precandidatos de otras fuerzas políticas —o que incluso promuevan candidaturas contrarias a las definiciones de la UCR— serán automáticamente dados de baja del padrón, amparándose en los artículos 8 y 13 de la Carta Orgánica Provincial.
El mensaje se presenta como una defensa de la “coherencia doctrinaria” y de la “identidad política” del radicalismo, en el marco de la alianza Somos Provincias Unidas – Catamarca, que comparte con el sector Movilización. Sin embargo, puertas adentro, el comunicado es leído por muchos como un intento de disciplinar a dirigentes y militantes que vienen cuestionando el rumbo de la conducción y explorando acuerdos por fuera del oficialismo partidario.
En un tono que mezcla el llamado a la unidad con una advertencia velada, la conducción radical asegura que “la fortaleza del radicalismo no se negocia” y que la lealtad interna es indispensable para enfrentar el “momento histórico” actual. Pero el trasfondo revela una UCR provincial que, lejos de estar cohesionada, atraviesa un fuerte reacomodamiento de piezas, con sectores que critican los pactos electorales sellados desde la cúpula y la falta de debate abierto sobre el futuro del partido.
La dureza del documento parece apuntar no solo a evitar fugas hacia otras listas, sino también a frenar cualquier intento de disidencia que pueda poner en jaque la estrategia acordada con socios externos. Para algunos militantes históricos, el comunicado expone la contradicción de una conducción que reclama “federalismo real” e “independencia de poderes” hacia afuera, pero que hacia adentro cierra filas y endurece el control sobre su propia base.
Con un electorado cada vez más fragmentado y un contexto político nacional incierto, el radicalismo catamarqueño se enfrenta al desafío de mantener su estructura unida sin caer en prácticas que sus propios documentos fundacionales critican: la imposición vertical, el disciplinamiento y la falta de diálogo real con las bases.
Lo que está en juego no es solo una elección, sino la capacidad del partido centenario de seguir siendo una fuerza con vocación democrática y apertura interna, más allá de los sellos y las alianzas del momento.
Tensión interna en la UCR Catamarca: la Mesa Ejecutiva advierte con “baja automática” a afiliados que se acerquen a otras fuerzas
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