La UCR catamarqueña entró en zona de guerra abierta. Sin vueltas y con nombres propios, la diputada provincial Natalia Herrera dinamitó la línea de flotación de su propio partido con un mensaje que, más que un posteo en redes, fue una ráfaga de fuego amigo contra la actual conducción radical.
Herrera apuntó directamente contra aquellos que hoy se presentan como guardianes de la “pureza partidaria” pero, según ella, fueron los mismos que se reunieron en secreto con funcionarios de alto rango del oficialismo provincial. El encuentro, según denunció, tuvo lugar en la casa de Alfredo Marchioli, ex presidente de la UCR en San Antonio, y contó con la presencia nada menos que del vicegobernador Rubén Dusso, el ex ministro Juan Cruz Miranda, la ex legisladora Cecilia Guerrero, Rosales y otros alfiles del oficialismo catamarqueño.
“¿Expulsiones? No sean hipócritas”, disparó, en referencia a las amenazas de sanciones internas contra quienes no se alinean a la actual estrategia electoral. Para Herrera, esa estrategia no es más que un acuerdo de supervivencia para que unos pocos conserven su lugar, dejando al interior radical y a gran parte de la militancia a la deriva.
En su mensaje, la diputada no se guardó nada: acusó a los armadores de listas de “no mover un dedo” en campañas anteriores, de excluir a medio radicalismo y de conformarse con asegurar apenas dos bancas provinciales, relegando al interior que, paradójicamente, es el que más aporta en cada elección. “Eso no es estrategia, es entrega”, sentenció.
Herrera también desmontó el relato de quienes la acusan de ser “demasiado opositora”: “No nos callamos, esa es la diferencia. Ustedes hacen acuerdos a espaldas de la militancia y luego buscan disciplinar con amenazas de expulsión”.
El final de su posteo fue un mazazo: “Vergüenza debería darles. Vendieron el partido a sus acuerdos. La UCR es mucho más que un grupo de cómodos sentados en un cargo”.
Lejos de ser un simple exabrupto, la declaración de Herrera expone la crisis más profunda que atraviesa la UCR en años, a las puertas de una elección decisiva. Con un radicalismo partido en dos —entre los que pactan con el poder y los que se niegan a transar—, el interrogante es inevitable: ¿llegará la UCR a octubre como una fuerza opositora real o como un sello reducido a la negociación de cargos?
UCR Catamarca: Herrera acusa a la conducción de “vender el partido”
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