El pasado viernes, el director de San Fernando Digital fue víctima de una grave amenaza que, lejos de generar una reacción institucional acorde a la magnitud del hecho, quedó envuelta en un preocupante silencio. A más de 72 horas del episodio, este lunes no existen novedades concretas por parte de la Justicia, ni avances visibles en una investigación que debería haberse activado con carácter urgente.
La falta de respuestas no es un dato menor. Cuando un periodista o un medio de comunicación es intimidado, no solo se ataca a una persona en particular, sino a un principio fundamental de la vida democrática: la libertad de expresión. Sin embargo, en Catamarca, este tipo de episodios parece haber dejado de sorprender. Peor aún: comienza a naturalizarse.
A este escenario se suma otro elemento igual de inquietante. Parte del ecosistema mediático local eligió el silencio. Algunos medios de comunicación decidieron no abordar el tema, como si se tratara de un hecho menor o irrelevante, desentendiéndose de una situación que afecta directamente al ejercicio de la profesión. Esa omisión no es inocente: en contextos de presión o amenaza, callar también es una forma de tomar posición.
El arco político, por su parte, tampoco estuvo a la altura. Ni desde el oficialismo ni desde la oposición se escucharon pronunciamientos claros de repudio. La ausencia de una condena firme deja un mensaje peligroso: que amenazar a un periodista no tiene costo político. Y cuando eso ocurre, el riesgo no es individual, sino colectivo.
La democracia no se debilita únicamente con grandes hechos institucionales. También se erosiona en estos silencios, en estas ausencias, en la falta de reacción ante situaciones que deberían encender todas las alarmas. Porque cuando se instala la idea de que es posible amedrentar a la prensa sin consecuencias, lo que está en juego es el derecho de la sociedad a estar informada.
Lo ocurrido el viernes no puede quedar en la nada. No puede ser un episodio más que se diluye con el paso de los días. La Justicia tiene la responsabilidad de investigar y esclarecer lo sucedido, pero también los actores políticos y mediáticos deben asumir su rol: defender, sin matices, la libertad de prensa.
En Catamarca, hoy más que nunca, es necesario decirlo con claridad: es normal amenazar a periodistas, y mirar hacia otro lado.



