El abogado Alfredo Aydar volvió a expresarse con dureza frente a la problemática de la corrupción enquistada en distintos espacios del poder político, judicial, municipal y legislativo. Con una frase directa y categórica, marcó una diferencia que considera fundamental: su lucha no es contra las instituciones en general, sino contra quienes, desde adentro, las degradan, las ensucian y las ponen al servicio de intereses oscuros.
“Yo no lucho contra el sistema. Lucho contra los corruptos, delincuentes y coimeros que pudren al sistema”, sostuvo Aydar, en una definición que busca separar claramente la crítica institucional seria de cualquier ataque indiscriminado contra todos los funcionarios públicos.
Según la mirada del abogado, no se puede confundir la defensa del Estado, de la Justicia y de la política como herramientas necesarias para la vida democrática, con la protección de aquellos funcionarios que, marcados por la sociedad como corruptos, ladrones, coimeros o delincuentes con poder, terminan contaminando a toda la institución a la que pertenecen.
Aydar remarcó que existen numerosos funcionarios honestos, trabajadores y comprometidos, tanto en la Justicia como en la administración pública y en la política. Sin embargo, advirtió que muchas veces son justamente esos perfiles los que más dificultades encuentran para acceder a cargos importantes, mientras que los espacios de poder suelen ser ocupados por obsecuentes, operadores o personas señaladas por actos de corrupción.
En ese sentido, el abogado sostuvo que el verdadero daño institucional no lo produce quien denuncia, investiga o exige explicaciones, sino quien utiliza un cargo público para enriquecerse, encubrir delitos, perseguir opositores, favorecer amigos o garantizar impunidad.
La crítica de Aydar también apunta a una problemática que, según su análisis, se repite en municipios, organismos públicos y estructuras legislativas: el abuso de poder contra empleados vulnerables. Señaló situaciones donde trabajadores son obligados a entregar parte de su sueldo, son mantenidos en negro, cobran cifras indignas o dependen políticamente de punteros y funcionarios que administran el empleo público como si fuera una caja personal.
Además, cuestionó con dureza el nepotismo y el acomodo de familiares, parejas, amantes y personas cercanas a dirigentes poderosos en cargos estatales, mientras ciudadanos capacitados, honestos y necesitados quedan afuera por no pertenecer al círculo íntimo del poder.
Para Aydar, esa forma de ejercer el poder no solo perjudica a los trabajadores, sino que destruye la confianza social en las instituciones. Cuando un corrupto ocupa un cargo, afirmó, no se ensucia únicamente a sí mismo: también ensucia al organismo, perjudica a los funcionarios honestos y alimenta la idea de que todo el sistema está podrido.
Por eso, el abogado insistió en que su lucha no debe interpretarse como una guerra contra la Justicia, contra la política o contra el Estado. Por el contrario, sostuvo que denunciar a los corruptos es una forma de defender a las instituciones y de proteger a quienes trabajan correctamente dentro de ellas.
“El problema no es el sistema. El problema son los delincuentes con poder que se esconden dentro del sistema para robar, presionar, acomodar familiares, explotar empleados y garantizar impunidad”, expresó en tono contundente.
La posición de Aydar busca instalar una diferencia central: no todos los funcionarios son iguales, pero aquellos que traicionan su función pública deben ser señalados, investigados y, si corresponde, apartados de los cargos que utilizan para beneficio propio.
En definitiva, el mensaje del abogado apunta a una idea clara: defender las instituciones no significa callar frente a la corrupción, sino todo lo contrario. Para Aydar, la verdadera defensa del sistema democrático exige enfrentar a quienes lo pudren desde adentro.



