El fútbol de Catamarca atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. En las últimas horas comenzó a tomar fuerza un rumor que sacude a la dirigencia deportiva local: la mayoría de los presidentes de los clubes capitalinos habría decidido no iniciar el Torneo Apertura ante la crítica situación financiera que golpea a las instituciones.
La reunión que debía servir para fijar la fecha de arranque del campeonato terminó, según trascendidos, convertida en un crudo diagnóstico económico. Lejos de discutir fixture y refuerzos, los dirigentes habrían puesto sobre la mesa balances en rojo, caída sostenida de socios y facturas de servicios públicos que ya no se pueden afrontar.
El impacto no es menor. Los clubes capitalinos contienen a más de 4.000 chicos y chicas, en espacios que exceden ampliamente lo deportivo. Son ámbitos de formación, contención social y construcción de valores. Allí trabajan profesores y ayudantes que acompañan procesos formativos y, en muchos casos, incluso garantizan una merienda o desayuno para quienes entrenan. El fútbol social se sostiene, hoy, a puro esfuerzo comunitario.
Las instituciones también enfrentan costos estructurales cada vez más elevados. Mantener una cancha, reparar vestuarios o mejorar la infraestructura se volvió una tarea titánica en un contexto donde los materiales de construcción registran valores exorbitantes. Para sobrevivir, los clubes organizan ventas de pollo, bailes, campeonatos y todo tipo de actividades solidarias. Sin embargo, lo recaudado ya no alcanza.
Uno de los puntos más críticos son las tarifas de servicios públicos. Con la mayoría de las actividades desarrollándose en horario nocturno —para resguardar a los chicos de las altas temperaturas— el consumo eléctrico se dispara. Las boletas, aseguran, se volvieron impagables para entidades sin fines de lucro que no persiguen rentabilidad y dependen casi exclusivamente de la cuota social.
En ese marco, iniciar el torneo implicaría asumir presupuestos mensuales que oscilarían entre los 2 y los 8 millones de pesos. Cifras que, según advierten varios dirigentes, podrían terminar concentrándose en los gastos de la primera división, relegando a las divisiones formativas y a otras disciplinas. Una ecuación que amenaza con desnaturalizar el rol social de los clubes.
A la complejidad financiera se suma la preocupación por la modificación de la Ley Provincial N° 4772, normativa que representaba un ingreso relevante para el deporte local. Dirigentes coincidirían en la necesidad de solicitar una audiencia urgente con el gobernador Raúl Jalil para exponer la situación y buscar alternativas que eviten un freno total de la actividad.
Por el momento no existe comunicado oficial que confirme la suspensión del Torneo Apertura, pero el malestar es evidente. El silencio institucional contrasta con un rumor que crece en los pasillos y en las canchas vacías: sin respuestas concretas del Ejecutivo provincial, el fútbol capitalino podría quedarse sin inicio de temporada.
Más que una disputa deportiva, lo que está en juego es la supervivencia de uno de los principales sostenes del deporte social en Catamarca. Si la pelota no rueda, el impacto no será solo en la tabla de posiciones, sino en miles de chicos que encuentran en el club mucho más que un lugar para jugar.



