Una publicación del diputado provincial Juan Carlos Ledesma pretende erigirse como una respuesta contundente a las críticas de la oposición. Sin embargo, lejos de aportar claridad o autocrítica, el mensaje expone una lógica ya conocida en la actual gestión: frente a errores concretos y problemas reales, se responde con listados, slogans y una defensa corporativa que elude lo esencial.
Nadie discute que el Estado deba invertir en equipamiento, infraestructura y digitalización del sistema de salud. De hecho, es su obligación. El problema surge cuando esos anuncios se utilizan como escudo político para tapar fallas administrativas graves que terminan afectando directamente a trabajadores y pacientes. Porque mientras se enumeran ecógrafos, mamógrafos y sistemas PACS, hay profesionales de la salud que no cobraron en tiempo y forma lo que trabajaron. Y eso no es una “operación política”: es un hecho.
El diputado intenta minimizar la situación explicándola como “un error del sistema administrativo”. La pregunta es inevitable: ¿cuántos errores más puede tolerar una gestión que lleva años en el poder? Los errores administrativos se repiten, pero curiosamente nunca alcanzan a los sueldos de la dirigencia política. Allí no hay demoras, no hay fallas del sistema, no hay explicaciones técnicas: los supersueldos se pagan sin interrupciones, todos los meses, con precisión quirúrgica.

Resulta llamativo —aunque ya habitual— que desde el oficialismo se exija a la oposición “propuestas concretas”, mientras se gobierna sin hacerse cargo de las consecuencias de la propia administración. La crítica no es destructiva cuando señala incumplimientos, desprolijidades y decisiones que perjudican a quienes sostienen el sistema de salud con su trabajo diario. Destructivo es naturalizar el error, justificarlo y seguir adelante como si nada hubiera pasado.
Además, la apelación a grandes obras futuras, como los hospitales de Belén o Antofagasta de la Sierra, no puede funcionar como cheque en blanco para el presente. La salud pública no se defiende solo con promesas ni con renders, sino con gestión eficiente, respeto por los trabajadores y cumplimiento estricto de las obligaciones del Estado. Un hospital nuevo no compensa salarios mal liquidados ni horas de guardia impagas.
El cierre del mensaje del diputado, rechazando “la utilización política del sufrimiento de la gente”, termina siendo paradójico. Porque es justamente la gestión la que politiza el problema cuando en lugar de asumir responsabilidades prefiere confrontar, descalificar y victimizarse frente a cualquier señalamiento.
La salud pública en Catamarca no necesita más publicaciones en redes sociales ni listados de inversiones para la tribuna. Necesita una administración seria, transparente y sensible. Y, sobre todo, necesita que quienes gobiernan entiendan que los errores administrativos no son abstractos: tienen nombre, tienen rostro y golpean siempre del mismo lado.



