Hace 10 años fue un impulso con pulso, fue un pujo visceral, fue un rugido desmedido, quizás, pero fue el basta que vinimos a plantar como bandera, fue el dejen de matarnos, fue el momento de salir a enfrentar la violencia machista, esa que cada día se cobra una víctima. Fue por todas, por las que nos faltan, por las que estamos, por las que vendrán.
NiUnaMenos #VivasNosQueremos #3J #VivasLibresysinMiedo #ChiaraPáez #SeVeaCaer
Por Nancy Acosta Noriega.
Hace 10 años, un 3 de junio, el femicidio de Chiara Páez nos sacó a las calles al grito desesperado del “Ni Una Menos”, con la fuerza de un colectivo que de la noche a la mañana encontró en la impotencia y el hartazgo los puentes para organizarse, para llenar plazas, redes y calles poniendo en escena una realidad de violencia de género que aún persiste, pero que ya no camina con la misma fuerza, que ya no se acomoda a las complicidades con igual impunidad, que ya no queda en las sombras, ni fuera de las estadísticas.
El movimiento Ni Una Menos se llevó puestas muchas grietas, porque llorar por las que nos faltan no es cosas ni de mujeres ni de feminismos, es cosa de todes. Madres, padres, hermanas y hermanos, hijas e hijos, amigas y amigos, pueblo, sangre viviente, comunión doliente; aquí, allá, sin importar en qué lugar estemos, el dolor por las que nos arrebatan se siente igual, es agudo, profundo, perenne, late en cada rincón del mundo, se sufre, lacera, voltea, y no mengua.
Chiara fue una entre miles, una más de las que no pudimos salvar, una más por la que poner voz en el silencio, luz en la oscuridad y cuerpo, cuerpo que lucha donde ya no están. Chiara no fue especial, fue igualmente violentada hasta ser asesinada a manos de un femicida, uno que la creyó de su propiedad, uno que la tomó por objeto y la condenó al abismo. Chiara era una nena, y arrebatada su vida quiso el destino que fuera la que en ese momento hiciera estallar la rabia, canalizara la acción, desatara los nudos que ahogaban los gritos que se nos acumulaban cada vez que sabíamos sobre un femicidio más. Chiara fue el hilo conductor que nos arrodilló a llorar juntas, pero cada una desde su soledad. Por Chiara fuimos representación, fuimos indignación, fuimos la ruptura del equilibrio, fuimos carteles, canciones, discusiones, apertura de conciencias, ruido, voces denunciando, masividad mostrando que, desde lo más abandonado de la estructura social, las muertas ya nos dolían demasiado. Y en lugar de quebrarnos, nos encontramos.
Desde Chiara hasta hoy, con más de 2500 femicidios cometidos en el país, el compromiso se renueva al grito de “Ni una menos, ni un derecho menos”; ante el avance de políticas de recorte, discursos de odio, negacionistas y antifeministas, desde los cuales no se comprende la complejidad que implica sanear la estructura de conciencia social hacia un mundo con menos violencia, donde se cree fantasiosamente que con sólo desplegar discursos y frasecitas es suficiente para romper los dogmas del imperio patriarcal que nos agobia pero construye desde lo
más primitivo a la sociedad. Desde Chiara hasta hoy, hubo cambios profundos, pero no alcanzan aún a cimentar un mundo más justo, más humano, más para todes y menos lleno de prejuicios y femicidios, donde las mujeres podamos caminar sin miedo y sin que eso sea un privilegio.
Por Chiara, y por todas las que nos faltan; resistiremos, daremos batalla, doblegaremos fuerzas, hablaremos más y más fuerte, saldremos de las trincheras, ganaremos nuevamente las calles, las plazas, las redes, los espacios donde se pretenda achicar ahí estaremos pisando fuerte. No nos callarán nunca más. Vivas, libres y sin miedo nos queremos, ya lo dijimos, y no retrocederemos.
Es por Chiara, es por todas.



