Hay momentos en los que también corresponde reconocer. En política no todo es objetivo cumplido; es prácticamente imposible conformar a todos por igual y siempre habrá aspectos pendientes. Sin embargo, en esta ocasión, es justo decirlo: la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho 2026 logró una aceptación notable, no solo entre el público catamarqueño, sino también entre turistas y hasta en sectores de la prensa.
Esta mañana, en La Mañana de Radio Streaming, hice una breve reseña a modo de columna sobre lo bueno y lo malo de esta edición. La sensación final fue clara y la resumí en un título que, horas más tarde, también replicaría la ministra Daiana Roldán: “Al Poncho le quedó chico el Predio Ferial Catamarca”.
La estrategia, año tras año, ha sido la misma: hacer crecer la fiesta, potenciarla y lograr que todos puedan disfrutarla. Y cuando hablamos de “todos”, hablamos de una cadena amplia que incluye a artesanos, productores, diseñadores, gastronómicos, turistas y, principalmente, a los propios catamarqueños. Ese crecimiento sostenido hoy muestra una realidad concreta: la infraestructura empieza a quedar limitada frente a una convocatoria que no deja de expandirse.
El Predio Ferial Catamarca fue pensado justamente para albergar este evento, anticipando su evolución. Pero la historia del Poncho demuestra que siempre ha sabido adaptarse: desde sus inicios en la ex Manzana de Turismo, pasando por el Polideportivo Fray Mamerto Esquiú, hasta su realización en el ex Regimiento de Infantería 17, hoy conocido como CAPE. Cada etapa marcó un salto, y cada salto exigió nuevas respuestas.
En este contexto, también vale un reconocimiento para el equipo de prensa del Poncho, que estuvo a la altura de esta nueva edición. Supieron dar respuesta y brindar información de manera constante, no solo a este multimedio, sino a todos los medios que realizaron la cobertura, facilitando el trabajo en un evento de semejante magnitud.
Hoy, una vez más, estamos frente a ese desafío. Será materia de evaluación y planificación para futuras ediciones la posible ampliación del Predio Ferial, porque quedó a la vista de todos que la convocatoria supera, cada año, los límites previstos.
Claro que, como en toda organización de esta magnitud, hay aspectos a mejorar: más sanitarios, más espacios de descanso, mejor conectividad y, por qué no, la extensión de algunos días más de feria. Esto último no es un detalle menor: permitiría que artesanos y productores puedan sostener mayores oportunidades de venta en un contexto económico que así lo demanda.
El balance, entonces, es positivo, pero también desafiante. El Poncho crece, y con él crecen las expectativas. Y cuando una fiesta popular alcanza este nivel de convocatoria, el verdadero reto ya no es sostenerla, sino estar a la altura de su propio éxito.



