Hay noticias que deberían generar vergüenza. No porque una fiesta solidaria sea algo malo —todo lo contrario—, sino porque hay determinadas necesidades que jamás deberían depender de la solidaridad de los vecinos.
En los últimos días se conoció que se realizará una fiesta solidaria con el objetivo de recaudar fondos para la Cooperadora del Hospital San Juan Bautista. ¿El destino del dinero? Comprar camas ortopédicas adecuadas para personas con obesidad.
Sí. Camas.
En la principal provincia minera del país, el principal hospital de Catamarca necesita de una fiesta solidaria para poder adquirir equipamiento básico para atender a sus pacientes.
La escena resulta difícil de explicar.
Catamarca es presentada desde hace años como una provincia con enormes oportunidades vinculadas a la minería. Se habla de inversiones millonarias, de desarrollo, de empleo, de regalías y de una provincia que supuestamente está llamada a convertirse en uno de los grandes polos mineros de la Argentina.
Pero cuando uno baja de los grandes anuncios y entra a un hospital público, aparece otra realidad.
Hay necesidades que siguen esperando.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿dónde está el desarrollo del que tanto se habla?
Porque si una provincia con semejante potencial económico necesita organizar una fiesta para comprar camas para su principal hospital, algo no está funcionando como debería.
No se trata de cuestionar a quienes organizan la fiesta. Todo lo contrario. Hay que reconocer a quienes ponen tiempo, esfuerzo y recursos para colaborar con una institución pública.
El problema es otro.
La pregunta es por qué tienen que hacerlo.
Una cuestión de prioridades
La discusión adquiere todavía mayor dimensión después de las propias palabras del gobernador Raúl Jalil, quien confirmó que Catamarca irá a las urnas en 2027 junto con las elecciones nacionales.
El mandatario justificó la decisión, entre otros argumentos, en la necesidad de administrar responsablemente los recursos provinciales y evitar el costo de realizar dos elecciones.
La explicación fue clara: unificar los comicios permitiría ahorrar recursos para destinarlos a otras prioridades.
Y entre esas prioridades mencionó viviendas, rutas, escuelas y hospitales.
“Gobernar es establecer prioridades y la nuestra es poner los recursos de la provincia al servicio del desarrollo y nuestra gente”, sostuvo el Gobernador.
Perfecto.
Entonces hagamos la pregunta incómoda:
¿Comprar camas para el principal hospital de la provincia no forma parte de esas prioridades?
Porque si el Estado debe ahorrar dinero para invertir en hospitales, pero al mismo tiempo una cooperadora necesita organizar una fiesta solidaria para comprar equipamiento indispensable, la contradicción queda expuesta.
No alcanza con hablar de prioridades. Hay que demostrar cuáles son esas prioridades en el presupuesto y, sobre todo, en la realidad cotidiana de los catamarqueños.
¿Y la minería?
Catamarca tiene una historia minera que se remonta décadas atrás y atraviesa una nueva etapa de expansión de proyectos y anuncios de inversión.
Mientras tanto, el ciudadano común sigue esperando respuestas concretas sobre cómo esa riqueza se transforma en mejores servicios públicos.
La pregunta no es si la minería debe existir.
La discusión seria es qué recibe Catamarca a cambio de sus recursos naturales.
Porque si las inversiones mineras generan riqueza, pero el sistema sanitario continúa dependiendo de colectas, cooperadoras, rifas, eventos y solidaridad para resolver necesidades elementales, entonces alguien debería explicar dónde está el derrame.
¿Para quién es el desarrollo?, ¿Para quién son los negocios?, ¿Para quién queda la riqueza?
Porque hasta ahora, para muchos catamarqueños, la sensación es que la fiesta siempre la paga otro.
Y cuando llega la hora de comprar una cama para un hospital público, resulta que hay que hacer una fiesta para juntar la plata.
La ministra y una pancarta que podría volver a tener sentido
Hay además una cuestión política que merece ser señalada.
La ministra de Salud, Johana Carrizo, conoce desde adentro las necesidades del sistema sanitario provincial. Y conoce particularmente la realidad del Hospital San Juan Bautista.
Antes de ocupar responsabilidades dentro del Gobierno, formó parte del propio sistema de salud y participó de reclamos de trabajadores que denunciaban problemas salariales, de personal y de infraestructura.
Por eso, quizás no haga falta una gran investigación para saber que las necesidades del hospital existen.
Tal vez alcance con preguntarle a quienes trabajan allí.
Y si las necesidades no están llegando a Casa de Gobierno, entonces alguien debería asumir la responsabilidad de comunicarlas.
Incluso podría ser útil recuperar una vieja herramienta de protesta: una pancarta.
Aquella misma herramienta que alguna vez sirvió para reclamar frente a las autoridades por las condiciones de los trabajadores y del sistema sanitario.
Quizás hoy una pancarta frente a Casa de Gobierno podría recordarles a quienes gobiernan que los problemas de los hospitales no desaparecen porque cambie el funcionario que ocupa un despacho.
Una fiesta que debería interpelarnos
La fiesta solidaria seguramente será un éxito. Ojalá recaude mucho dinero. Ojalá permita comprar las camas que necesita el hospital y que ningún paciente tenga que enfrentar una situación inadecuada por falta de equipamiento.
Pero el éxito de esa fiesta no debería tranquilizarnos.
Debería incomodarnos.
Porque una sociedad solidaria es una buena sociedad.
Pero un Estado que necesita de fiestas solidarias para resolver necesidades básicas de su principal hospital debería preguntarse seriamente qué está haciendo con sus recursos.
Catamarca no puede conformarse con escuchar hablar de millones, inversiones y desarrollo mientras en sus hospitales se organizan eventos para comprar camas.
Y mucho menos puede aceptar que el discurso de la responsabilidad fiscal se utilice para justificar decisiones electorales mientras las necesidades sanitarias continúan esperando.
La minería puede generar millones. El Estado puede hablar de inversiones. El Gobierno puede anunciar obras. Pero la verdadera medida del desarrollo está en otra parte: en cómo vive la gente y en cómo funciona el hospital al que esa gente llega cuando necesita atención.
Porque al final, la pregunta sigue siendo la misma:
¿De qué sirve tener una provincia rica en minerales si para comprar una cama en el principal hospital hay que organizar una fiesta?
Quizás llegó el momento de que alguien explique, con números y no con discursos, para quién es realmente el desarrollo de Catamarca.



