Mientras miles de catamarqueños hacen malabares para llegar a fin de mes, el ministro Eduardo Niederle habría celebrado sus 60 años con una fiesta cuyo costo, según las cifras que trascendieron, superaría los $100 millones.
250 invitados. Catering estimado en $62,5 millones. Champagne, vinos de alta gama, 60 metros de pantallas LED, espectáculo en vivo y hasta souvenirs tecnológicos.
Una fiesta privada, sí. Pero protagonizada por un funcionario que forma parte de la estructura de poder de la provincia.
Y ahí aparece la pregunta que nadie debería esquivar:
¿De dónde salió la plata?
Si Niederle pagó todo con su patrimonio personal, que lo explique. Si hubo empresarios, proveedores del Estado o aportes de terceros, también sería importante saberlo.
Porque una cosa es tener derecho a festejar. Otra muy distinta es que alrededor de un funcionario público aparezcan proveedores y actores del poder en una celebración millonaria y nadie considere necesario explicar nada.
En una Catamarca donde docentes, empleados públicos, jubilados y familias enteras cuentan cada peso, una fiesta de más de $100 millones no es un detalle menor.
Es una postal.
La postal de un poder que parece vivir en otra realidad.
Y frente a esa postal, una pregunta sigue vigente:
¿Quién pagó la fiesta de Niederle?



